Tan sólo mirando hacia arriba podremos andar por este mundo sin tropezar.

martes, 27 de marzo de 2007

Una cosa me falta

"Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?"....Una cosa te falta, le dijo: ve, vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz." Marcos 10:1-...

Suena fuerte, quizás hasta duro, que el maestro utilice estas palabras en su conversación con alguien que lo está buscando, pero nada más lejos de la realidad. Son palabras sabias, llenas de amor y cordura, que sólo buscan la salvación de un alma realmente preciosa. A veces me pregunto: ¿Qué es lo que me falta? ¿Porqué no consigo amar más a los demás? ¿Hay algo o alguien colocado entre Dios y yo? ¿Me pide el Señor que renuncie a todo por él? ¿Todo?... Y la respuesta es evidente. Soy yo mismo el que está en medio de Dios y yo... Tan sólo he de renunciar a mi mismo. Para así dejar libre el espacio que Jesús quiere ocupar.. Y entonces amaré a mi prógimo como a mi mismo.

Hoy leí una frase en una camiseta que me hizo pensar a la vez que sonreír. La frase decía así:

"Yo no soy como los demás, todo el mundo piensa sólo en sí mismos, pero yo no, yo sólo pienso en mí"

"A los que, como el joven príncipe, ocupan altos puestos de confianza y tienen grandes posesiones, puede parecer un sacrificio demasiado grande el renunciar a todo a fin de seguir a Cristo. Pero ésta es la regla de conducta para todos los que quieran llegar a ser sus discípulos. No puede aceptarse algo que sea menos que la obediencia. La entrega del yo es la substancia de las enseñanzas de Cristo. Con frecuencia es presentada y ordenada en un lenguaje que parece autoritario porque no hay otra manera de salvar al hombre que separándolo de aquellas cosas que, si las conservase, desmoralizarían todo el ser....El gozo de ver almas redimidas, almas eternamente salvadas, es la recompensa de todos aquellos que ponen los pies en las pisadas de Aquel que dijo: "Sígueme."
DTG Pág 470

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